La Reflexoterapia trabaja bajo dos principios:

Zonas reflejas somato tópicas: El concepto de somato topía procede del campo de la neurología y hace referencia a aquellas zonas sensitivas y motoras de la corteza cerebral que pueden ser proyectadas a los diferentes órganos y estructuras anatómicas del organismo.

Sin embargo podemos utilizar la palabra somato topía para definir otros fenómenos de proyección bien definidos, de todo el organismo o buena parte de él sobre determinadas zonas prominentes y terminales del mismo (pie, cavidad nasal, orejas, manos, ojos, entre otras). Estamos ante la micro proyección del todo no solo en los aspectos anatómicos, sino también funcionales.

Esta correlación puntual entre la superficie y el interior del organismo se da en ambos sentidos de forma que permite una acción recíproca, normalizando los puntos reactivos o sensibles que se manifiestan.

Tensegridad: es la capacidad arquitectónica que posee nuestro cuerpo desde el nivel micro al macroscópico, es decir desde el cito esqueleto de la célula llegando hasta el nivel tisular (tejido). Esto ocurre a través de una cascada de acontecimientos: cuando se realiza un masaje o reflexoterapia se ejerce presión sobre el tejido transmitiendo fuerzas y energías que llegan a través del colágeno presente en la piel, éste a su vez está interactuando con la membrana plasmática de la célula y ésta produce cambios en el cito esqueleto lo que a su vez refleja transformaciones en las funciones celulares; por lo tanto la reflexoterapia influye restableciendo la fisiología orgánica.

Fundamentos Científicos de la Reflexología:

Los estudios científicos para comprobar la relación de determinadas zonas del cuerpo con otras partes se iniciaron en 1890, con el Dr. Henry Head (Londinense) y el Dr. Mackenzie, quienes demostraron la interconexión de diversas zonas del cuerpo por un mismo nervio, surgiendo los conceptos de dermatomas (piel), miotomas (músculos), enterotomas (vísceras), esclerotomas (huesos), angiotomas (vasos), etc.

El Dr. William Fitzgerald, fundador de la Terapia Zonal, divide al cuerpo humano en diez zonas verticales en las que incluía los pies y manos, aprendió que aplicando una presión sobre éstas, se podía aliviar el dolor en otras áreas dentro de la misma zona.

Eunice Inghan, en 1930, masajista norteamericana y discípula de Fitzgerald, desarrolló más los conceptos de éste y luego de múltiples pruebas concluyó que los pies eran altamente sensibles y efectivos para hacer la terapia. Gracias a su dedicación pudo elaborar el diagrama de los puntos reflejos en el pie.